e estaban por cobrar un impuesto, que yo estaba segura que había pagado, tenía que encontrar el comprobante. Empecé a indagar en los lugares que frecuentemente los guardaba y al no encontrarlos allí busqué en el último cajón de la vieja cómoda que había traído de mi casa, en donde también, en alguna ocasión supe guardar cosas de importancia.

No era poco lo que tenia que abonar así que lo estaba buscando con ahínco, acompañado del nerviosismo y también con desesperación. Saque el cajón del lugar dispuesta a mirar esos papeles, uno por uno lo volqué sobre la cama, me senté y me avoqué a la tarea. Fue así que entre esos documentos encontré esa foto, la que no quería ver por que me daba tristeza me hacía temblar entera, cada ves que la miraba, tiempos atrás la tenia permanentemente con migo, la sicóloga me lo había prohibido por eso esquive de mirarla tratando de sobreponerme a ese dolor que todavía permanecía latente en mi, la coloqué de nuevo en el lugar y seguí la búsqueda al rato de la investigación apareció el dichoso documento el comprobante que me devolvió la calma, guardé el cajón en su lugar, tenía que olvidar esa foto que por esa razones especiales estaba escondida allí.  Salí de casa a hacer los tramites que me habían quedado pendientes y regresé, en todo el camino de regreso me acompañó esa imagen querida añorada e inolvidable. Entonces yo tenía trece años, él quince,  nuestro escondite era la piecita que mi abuela tenia para deposito, allí vivíamos nuestro amor oculto a los ojos de los adultos. La cita era a la cero una en punto, el pasaba por encima del tapial y a cuatros pasos estaba nuestro lugar de intimidad, los dos sabíamos que si dábamos a conocer nuestros sentimientos nos iban a prohibir que nos viéramos.  La suerte estaba de nuestra parte, los padres de el no notaban su ausencia y mi abuela dormía tranquila creyendo que yo por miedo a algún ladrón cerraba mi cuarto con llave, ni se percataba que su nieta de lunes a viernes lo pasaba en los brazos del hijo del vecino. Planeábamos casarnos ni bien tendríamos la mayoría de edad, éramos felices pero vivíamos con el temor que en cualquier momento nos sorprendieran. Ese ruido nos paralizo yo lo abracé fuerte, el apoyo su boca en mi oído y dijo estamos perdido acá nos descubren pero no, era el gato que corría una rata esta al vernos cambió de rumbo y el que la perseguía se asusto de nosotros y se detuvo. Esa noche nos reímos tanto que nos tapábamos la boca con las manos por miedo de ser escuchados, ese episodio no hizo olvidar por un momento el drama que se no estaba aproximando hacía solo un momento que le había contado que era muy posible que estuviera embarazada me dijo un hijo de los dos, se alegró mucho pero también dijo tus padres te van a matar ,me propuso huyamos juntos, yo titubee somos muy chicos adonde podríamos ir. Fue entonces que hicimos ese juramento. Los primeros meses pude ocultarlo pero después se me empezó a notar y mi abuela se dio cuenta y se lo dijo a mis padres, fue así que no me mandaron mas a la escuela se enojaron con ella me llevaron al campo y me prohibieron venir a su casa entonces no tuve oportunidad de encontrarme con él, sufrí sola sin un poquito de comprensión de sus parte solo escuchaba reproches de mis padres, lloré mucho por no poder verlo, extrañaba a mi abuela, ella no era culpable inoraba mi encuentros nocturnos, pero no dije una sola palabra a pesar que hasta me pegaron no lo delaté, nadie supo quien era el padre de mi hijo, los dos habíamos jurado no decir cueste lo que cueste.  La foto estuvo siempre escondida y yo era feliz con los recuerdos de aquel amor a temprana edad que dio su fruto. Ella tiene el aroma de nuestra juventud, encierra secretos de un amor  oculto leal y fiel.

 El soñaba ser piloto de avión, me decía vamos a volar, juntos conoceremos el mundo entero, acamparemos en lugares solitarios y nos amaremos como ahora a escondidas de los ojos del mundo. El cumplió su ideal pero el destino no nos dio la oportunidad de concretar lo que habíamos planeado en ese tiempo cuando éramos prácticamente dos niños ingenuos.
De aquello ya paso veinte años, solo pude ver su ataúd cerrado, se fue solo, no pudo cumplir la promesa, no lo dejaron. Como tampoco nos hubieran dejado vivir nuestro amor en esa edad de la adolescencia...


Delia fontana