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l Negro tenia setenta y pico de años pero no se
achicaba delante de nadie a pesar de
ser retacón, que apenas se lo veía del suelo, no
tenia mas de un metro y medio, retobado y mal
arreado. Su facón desenvainado a la cintura,
apoyando su mano derecha como a la defensiva o
talvez provocando al que se le acercaba .Su
vestimenta… bombacha, camisa celeste, pañuelo al
cuello, campera, polainas y espuelas.
Altanero de presumir con su caballo moro, empacado
igual a su dueño , siempre presente en todas las
fiestas Patronales, mujeriego al mango eso
pensaban de él; que
no perdía la oportunidad para sacar la billetera y
ofrecer plata a las chinitas, por que el
degenerado según se decía, se lamía por las
jovencitas, aunque los que lo observaban bien se
daban cuenta que no tenia malas intenciones, su
generosidad era la de un abuelo.
Descubrían tras su miradas pena, nostalgia, se le
notaba una profunda tristeza. Los
comentarios corrían de boca en boca, que tras ese
hombre prepotente, sangraba la
herida del puñal de la traición ,la que lo llevó a
quitarle la vida a su amada con su propio facón
dejando guacho a dos cachorro, que quien sabe bajo
que pedazo de cielo se
encontrarían .
Todos le tenían respeto, miedo, por que en el pago
corría el chisme de que sobre sus
espaldas cargaba una muerte.
Cuando se mandaba unas copas de caña le brillaban
los ojos, como a una fiera, semioculto bajo el
sombrero de ala caída de color barroso por los
años. También
se tejían otras habladuría alrededor de ese
personaje; que era un gaucho honrado y
que su china lo traicionaba y , una noche al
regreso de una doma, medio empinado la
encontró con otro gaucho y la mandó para el otro
lado. También dicen que se escapó de
la policía montado en su caballo, dejando atrás
aquel pago y su rancho. Y vivió
mucho tiempo ocultándose entre la maleza de los
campos hasta que pasaron los años y
los dueños de una Estancia lo contrataron para
domador, por que era de los buenos.
Amaba a los pingos, talvez por que mediante a uno
de ellos pudo poner distancia.
Nadie sabe su nombre, se escuda con el apodo de El
Negro Malevo; y cuando algún
curioso se le acerca y le ofrece caña con la
intención de ponerlo en curda, para que le
cuente su vida, siempre está a la defensiva.
Ni bajo los efectos del alcohol, narra su
historia, cuando lo cargosean demasiado, saca el
facón ,y dice con vos quebrada “ pregúntale a este
que te cuente de donde vengo”, y afirma “no tengo
a nadie… el fue y será el compañero de mi vida”…
Delia Fontana

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