odo tiene su limite, tanto va el agua al cántaro que este se rompe. Eso pasó con él, su único día de descanso, que lo tomaba para su distracción era el domingo, se acercaba al boliche del pueblo a jugar al truco y tomar un vino. Allí tenia sus amigos de charlas y comentaban sobre cualquier tema actual, pero últimamente lo estaban provocando con algunas indirectas y cargadas de mal gusto, no era hombre de bromas, no las hacía y tampoco le gustaba que se la hicieran, esa noche el ambiente estaba pesado era una cachada tras de otra, indirectas que iban y venían, siempre tocando la reputación de su mujer. El confiaba en su china, era honesta y fiel y le demostraba su amor a diario, era feliz y le estaba por dar un hijo. Por ella era capaz de todo para defender su honra a punta de facón. Esa noche los comentarios de una mesa lindera, mal interpretados por él calentaron su sangre y el alcohol colaboró e hizo de las suyas, lo escuchado coincidió con el invento de sus compañeros de truco que su china mantenía una relación con el mozo que atendía el boliche, que dada la casualidad siempre empezaba la tarea media hora ante que él se retirara, siempre se cuidaba era moderado en el beber pero esa noche tomó mas de la cuenta. Talvez excitado por los comentarios que había oído por lo bajo, el alcohol mezclado con los celos lo trasformo, los compañeros se fueron retirando uno a uno, él seguía allí prendido al vaso lo que nunca, firme en el lugar, ya no se conformaba con los vasos pidió una botella, con ojos asombrados el mozo se la alcanzó, escuchando el inesperado comentario. -¿Que me mira así, te la voy a pagar, que te crees que no tengo plata?. La tengo, para eso trabajo-. -Yo no dije nada, usted es dueño de tomar todo lo que quiera, solo que me extraña por que nunca lo hace-. Nunca lo hacia pero hoy tenia sus motivos, y tomando la botella llenó un vaso y en forma apresurada lo bebió, después lleno otro y otro hasta terminar luego con la botella vacía y empuñando del pico trastabillando se acercó al mostrador, y le dijo: -Con que vos te entendes con mi mujer- y sin esperar respuesta le acomodó un certero golpe en la cabeza, de la misma forma que se había trasladado hasta allí se dirigió a su caballo montó con dificultad, este acostumbrado de recorrer ese trayecto lo llevó asta su rancho, resbalando del mimo, cayo y medio gateando llegó hasta el catre bajo la mirada de asombro de su mujer, que debido a su tardanza se mantenía en pie. El gaucho sin siquiera mirarla se tiró en el y automáticamente se durmió, su mente perturbada por el alcohol y mas aun por la falta de costumbre, ni percibió de que lo seguía la policía venia en su búsqueda para detenerlo por lo que había acontecido en el boliche. Los agentes hablaron con la china y viendo en el estado calamitoso en el que se encontraba, decidieron dejarlo a que se refresque conociendo su reputación, imaginaron que algún problema lo había aquejado, regresaron a eso de la diez lo encontraron lúcido tomando mate al verlos recordó lo que había hecho, con la cabeza gacha salio al encuentro y con un hilo de voz dijo: -Por favor digan que no lo maté-, los agentes le tenían aprecio por que era un gaucho bueno. -No, no lo mataste, solo que tenes que venir con nosotros a declarar como sucedieron los hechos.
Sin resistencia, se colocó el sombrero, miró a su china a los ojos luego bajó la mirada hasta su vientre, le dio un beso en la mejilla cabizbajo avergonzado fue hasta el caballo, que aun se mantenía ensillado. Montó y se dirigieron a la comisaría, cuando llegaron, el damnificado ya había retirado la denuncia y perdonado, al enterarse los motivos que lo habían llevado a cometer ese acto de violencia.
Desde ese día dicen los parroquianos que no pisó mas el boliche, para el que era un gaucho honrado ese hecho fue vergonzoso era como si les hubieran puesto un palo en la rueda marcando huellas profundas en su vida que hasta entonces era intachable. Desde lo ocurrido los domingos se dedicaba a pescar y cazar, dicen que cuando tiene ganas de tomarse un vinito lo toma en su casa con su china…
Delia Fontana |