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uando mi padre trajo la yarará no tenia mas de diez centímetros, d hizo un cajón de madera de algarrobo, del tamaño de de dos cuarta , por dos; le puso tela metálica en la parte de arriba y le hizo una pequeña puerta, para darle la comida. La nombró le yara, todos los día la alimentaba con cuices o pájaros, la cuidaba como si fuera un tesoro. Muchas veces lo escuchaba decir en voz baja: vos vas ser mi cómplice murmuraba apenas creyendo que yo no lo escuchaba. Yo pensaba en qué podía colaborar con él ése bicho repugnante, pero nunca me anime a preguntarle, diariamente me recomendaba que no me arrimara ni toque el cajón por que me podría picar.
La vicha fue creciendo mientras yo miraba a una respetable distancia, le tenia miedo. Así paso el tiempo del frío y parte del calor, para entonces enrollada cubría todo el piso del cajón estaba bien alimentada, su color amarillo y negro brillaba a lo lejos cuando me dejaba ver sacaba la lengua y parecía aumentar su tamaño levantaba la cabeza y pegaba picotones a la madera. Entonces yo me alejaba todo mi cuerpo se ponía piel de gallina, era un peligro permanente, no entendía como mi padre la quería tanto,
Asta que ese día hacia un calor infernal de viento norte, presagio de tormenta. Note que mi padre estaba nervioso tenia un brillo que no era común en sus ojos, la yara como el la decía vibraba también dentro de su celda, la cual le quedaba chica debido a su excedido crecimiento.
Llegó la noche poblada de mosquitos, mi padre como era de su costumbre para ahuyentarlos prendió bosta de caballo en una vieja palangana, y seguido a eso ordenó que me acostara temprano, obedecí nunca lo contrariaba, tendí las pilcha del catre y me acosté para entonces los mosquito ya se habían alejado por el humo. Mi padre apagó el candil la pieza quedo en penumbra, la luna ya había echo su largo recorrido se escondía tras los grandes algarrobo del monte que rodeaba el rancho.
No podía dormir daba vuelta y vueltas calculaba cuando se aria mi padre por que el picazo seguía ensillado lo de nunca a esa hora, yo era todavía un niño tenia solo diez años aunque mi padre decía que ya era todo un hombre, pero que hombre si todavía tenia miedo de quedar solo, entonces lo llamé para que el también se acostara, lo llame una y otra ves, fue entonces que dijo algo que nunca me había dicho, con un tono de vos amenazador: dormite, ¿que hace todavía despierto? ahora vas a decir que no puede dormir si no esta su, padre lo único que me faltaba mocoso de porquería mal enseñado, si estuviera tu madre ya te hubieras dado unos chirlos. No dije nada me puse a pensar, no recordaba que mi madre me había pegado tal vez habrá sido de chiquito, pero cuado era mas grande no, lo que si recordaba eran las discusiones que tenían, ella decía Panchito tiene que ir a la escuela para que no sea un bruto como nosotros, y mi padre decía que no me dejaría ir, ella insistía: Quiero que tu hijo viva tras de las vacas como vos con un miserable sueldo, yo no quiero eso para nuestro hijo, y mi padre repetía no ira a ni una escuela no es deshonra ser peón de campo mi madre lloraba ,igual que lo estaba asiendo yo de que se había ido, él nunca me había tratado así me acurruqué en el catre mientras las lagrimas mojaban mi mejilla.
Al rato oí los pasos de mi padre que venia en punta de pies seguramente a ver si dormía simule hacerlo y lo conseguí. Entonces en la misma forma sin hacer el mínimo ruido se dirigió al cajón donde estaba yara, yo espiaba sus movimientos, la tomo y salio arrimó la puerta y mormuró por lo bajo, llego el momento yara no me falle. fue entonces que intuid lo que mi padre estaba tramando me levante y de la puerta entre abierta lo observe que llevaba el cajón a cuesta y monto el caballo y tomo el camino así al casco de la Estancia,
Ese día, por un peón me había enterado que mi madre estaba allí de paseo y imagine que algo cruel trataba de hacer mi padre usando a yara. Entonces pensé que cruzando el campo acortaría la distancia llegaría ante que él, y la pondría sobre aviso, sin perder tiempo emprendí la carrera, llegamos casi juntos pude esconderme tras de un árbol. llegó y cautelosamente ato el caballo en un árbol a lado del que yo estaba. El corazón se me salía del pecho, virgencita ayúdame dije para mi adentro, y me ayudó. no me vio estaba seguramente concentrado en lo que iba hacer, fue y largo a la yara en frente la habitación que ocupaba de soltera mi madre sabia que allí iba a dormir y entraría por esa puerta, volvió adonde estaba el picazo y tomo el camino de regreso, yara quedo allí junto a la puerta enrollada. Ni bien se alejo mi padre tome un palo y le acomode un garrotazo el primero falló y me pego el envión para picarme, retrocedí y luego, con rabia, le di el segundo ahora con suerte y le acomode otro y otro quedo tendida comprobé que estaba muerta la tire entre los yuyos y regrese corriendo, cruce de nuevo el potrerito llegue jadiando pero ante que El, entre y lo espié desensilló el picazo y para cuando estaba guardando el apero me metí en el catre para entonces ya no estaba agitado volví hacerme el dormido. Ahora si dormiría tranquilo, MI MADRE NO ESTABA EN PELIGRO, Yara también dormía para siempre…
Delia Fontana
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