esde que éramos niños e íbamos a la escuela, mi madre me recomendaba cuidá a tu
hermana, vos sos el hombrecito de la casa, yo me sentía grande a pesar de mis
doces años, ella tenia once. Mi padre había tenido un accidente una mañana
de niebla cuando se dirigía al trabajo, quiso cruzar las vías y no advirtió que
venía el tren y lo aplastó como a un gusano; desde entonces mi madre tuvo que
salir a trabajar de doméstica también traía ropas para lavar y planchar en casa.
Un día decidió que mi hermana deje la escuela, temía por ella habían llegado
gente nueva en el barrio que no se conocía de donde, el ultimo día que fuimos
fue ella la que me cuidó a mi, yo la llevaba de la mano para cruzar la vía
siempre miraba a los dos lados y pasábamos corriendo. Ese día ella pegó el
grito: -¡Cuidado Pablo la víbora!-, yo ya estaba a punto de pisarla y
pude retroceder, busque un palo mientras ella me decía: -Déjala Pablo vamos,
déjala-. No le hice caso le di un certero garrotazo y le partí la cabeza. Le
dije: -Viste ya está. Quien iba a decir que después de mucho tiempo iba a
repetir aquella acción, entonces me sentí un héroe.
Después de ese día mamá iba a trabajar y ella quedaba encerrada hasta que yo
volvía de la escuela. Desde entonces pasó mucho tiempo, yo ya tenía dieciocho
años, nuestra madre nos habló a los dos que había conocido a un hombre que
parecía bueno y que si estamos de acuerdo ella trataría de rehacer su vida. El
ocuparía el lugar de nuestro padre y ayudaría también en el mantenimiento de la
casa. A a mi no me gustó mucho la idea y a mi hermana tampoco, pero después a solas
decidimos que sí, no teníamos derecho a decir que no, si ella lo quería, fue
entonces que nos presentó a ese señor.
Ahora estoy aquí arrepentido de esa decisión si les hubiéramos dicho que no
entonces todo hubiera sido distinto, ahora acá tengo tiempo para pensar, y
recuerdo nuestra niñez, yo buscaba el agua a una cuadra de allí estaba la bomba
comunitaria, mientras ella barría y tendía las camas, después entre los dos
hacíamos la comida sin olvidar las repetidas recomendación de nuestra madre:
-Pórtense bien y vos cuidá a tu hermana-.
Ella llegaba pasado el medio día, por su rostro se la veía cansada pero nunca se
quejaba, traía a cuesta un bolso lleno de ropas para lavar y luego planchar. Se
lavaba la cara y se sentaba a comer, después se iba a la batea, mi hermana
limpiaba los utensilios y yo seguía acarreando agua. No sentíamos la pobreza,
éramos felices los tres unidos, yo siempre le decía a mamá -cuando sea grande no
vas a trabajar mas yo lo voy hacer por vos-, ella sonreía y me decía: -para eso
falta mucho-. Cuando llegó ese día la obligué que dejara, pero no quiso dejar
todo de una vez, dejó algunas casas y ya no traía ropa para lavar, fue entonces
que ese hombre vino a vivir con nosotros. Al principio trabajaba todo el día
después iba media jornada y por ultimo ya no fue mas, puso el pretexto que lo
habían despedido porque el patrón quería disminuir el personal por merma de
trabajo.
Esa tarde de la tragedia se había roto la máquina que yo manejaba, el patrón me
dio libre –andá, me dijo -volvé mañana temprano.
Iba llegando cuando oí gritos; presté atención era en mi casa y la voz de mi
hermana que decía-¡Pablo, Pablo sálvame!, tiré la bicicleta y con prisa llegue a
la puerta estaba cerrada por dentro, le pegué una patada, saltó la tranca y se
abrió. Allí estaba él sobre mi hermana que luchaba para defenderse en
desesperado forcejeos queriendo librarse de esa situación. Entonces igual que el
día de la víbora tomé la tranca y le partí la cabeza, mi hermana se abrazó a mi
y repetía llorando -gracias Pablo. Desde ese día dice que repite siempre lo
mismo, y cuando se calma tiene la mirada perdida en la distancia, cuando mi mamá
va le pregunta-¿ quien e usted?, luego la abraza fuerte como lo hizo ese día
conmigo y dice- gracias Pablo ,y llora y grita después queda como ausente.
Yo acá sin poder hacer nada por ella el juez todavía no resolvió mi caso espero
poder salir pronto, por las noches me persigue la voz de mi madre que me dice: -cuidá a tu hermana-.
Me duele haber llegado tarde ese día pero no me arrepiento
de lo que hice, cumplí con ella y me duermo esperando el fallo, y sueño que se
abren esas puertas y que corro a lado de mi hermana...
Delia Fontana
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