cá estoy igual a un pájaro en jaula, pero no siento arrepentimiento, mi vida ya estaba destruida, si, aún siento el asco que sentí aquel día a esa transpiración con olor a bestia y su barba pinchando la piel en esa lucha de desigual forcejeo. Hasta que el venció a mis fuerzas ¿que iba poder defenderse una niña de doce años contra un hombre grande y robusto?. Nadie escuchó mi gritos que eran desesperados y luego aquel dolor fue como un puñal clavado en mi entraña y me desmayé. Cuando vine a la realidad, estaba sola en el lugar del hecho en medio de un charco de sangre, las lágrimas me cegaron, y temblando de miedo y de ira desesperada me arrastre hasta un charco, tomé agua y me lavé poco a poco; recobre las fuerzas y emprendí el regreso. Mi madre no debía enterarse de lo ocurrido, ya nada podía hacer; le tenía miedo a sus golpes lo pensé mucho, irme a la casa de mi abuela pero quedaba muy distante, decidí regresar a la mía ya era de noche. Mi madre como todos los días a esa hora estaba alimentando los cerdos, llegué y me metí en la cama, cuando mi madre preguntó que me pasaba dije que tenía dolor de cabeza. Al día siguiente le pedí para ir a vivir con mi abuela y me dejó.

Ahora pienso que si le hubiese dicho la verdad todo sería distinto, si lo desenmascaraba y mi madre lo denunciaba, yo no sabía nada de leyes pero sí de vergüenza, entonces callé y encerré dentro mi pecho ese odio y por su culpa a todos los hombres, ese episodio taladraba mi mente. En todos veo aquel canalla que me violó, junto conmigo creció el odio y la sed de venganza, hasta ese día yo era una niña alegre, desde entonces fui todo lo contrario, por ese cambio mi madre y abuela me acosaban con preguntas a las que evadía con excusas. En mi corazón el rencor fue creciendo día a día y una idea macabra se apoderó de mí, noches enteras sin dormir fueron cómplices de mi decisión, de mi premeditada venganza, para entonces ya había pasado siete años para mi era como un caso reciente pero con mas odio y rencor lo planeé lo mejor posible.

Ese anochecer se prestó para que cumpliera lo que había decidido; mi abuela no se encontraba en casa; tome el revólver de mi abuelo lo cargué, monté a caballo y me trasladé hacia donde yo sabía que todas las noches pasaba para ir al boliche. Escondí mi caballo en unos matorrales y me oculté tras la corteza de un árbol. En primer momento era hacerlo desde las sombras luego cambié de idea, me tenté por ver la cara de espanto que pondría ante su final. Cuando asomó al trotecito en su caballo, no me tembló la voz: -Esto va en pago por la violación-, sus ojos se agrandaron y brillaron como los de una fiera salvaje bajo aquel cielo iluminado por la luna llena, un no que fue como un alarido se escapó de su garganta y aquel certero balazo dio en medio del pecho y se fue derrumbando hasta quedar tendido; me acerqué para regalarle otro, me di cuenta que ya no hacia falta.
 

Delia Fontana

La Música de esta Página
"Violino Concerto"
Mendelsohn