Esperando en la vereda
el inútil regreso
ahogada en nostalgia
se destrozó mi amor.
Entre cuatros paredes
mis lágrimas espiraron
Las puertas cerradas
ocultaron mis gritos,
te quiero
regresa
no me dejes, mi amor.
Con la frente apoyada
en los fríos cristales
la ventana en silencio
mi cuerpo soportó
En delirio funesto
el sol de una nueva mañana
con rostro desencajado
me sorprendió;
la aurora salvadora
entre trinos de pájaros
permitió que en las rejas
me cantara un gorrión.
Al abrir la ventana
los rayos calcinantes
dieron fuerza a mi cuerpo
que yacía sin vida.
Renovó la esperanza
con canto compasivo
susurrando a mi oído
prometió
un nuevo amor.
 

                              Delia Fontana